AMOR DE MADRE
Las madres se miraron fijamente a los ojos, y luego, ambas al unísono, como si se hubieran puesto de acuerdo, posaron la vista sobre sus respectivas crías, quienes, ajenas a la situación, una jugaba con la otra intercambiando, según su especie, caricias, olfateos o lametones. El encuentro había sido inesperado, fortuito. Gema jamás habría vaticinado, cuando esa mañana salió con Laurita para dar un paseo por el bosque que lindaba con la casa que tenían sus suegros allí, entre montes, que iba a toparse con una loba y su lobezno. Intentó guardar la calma. La loba, que también parecía asustada, hizo otro tanto, y sin mostrar en ningún momento los colmillos, permaneció inmóvil, expectante, viendo cómo su cachorro entablaba contacto amigable con esa hembrita humana de dientes de leche que no levantaba, a su entender, un palmo del suelo. Las madres se miran, una a la otra, durante interminables segundos. Da la impresión de que ellas dos, que son adultas, pactan. Negocian en silencio. Un...