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LLOVERÁN TORMENTAS

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  LLOVERÁN  TORMENTAS (2026) «Si te mira, estás muerto». O eso dice la Doña, la mujer más influyente y persuasiva de Villavivón del Monte, una aldea prácticamente incomunicada, y a la cual, en 1927, aún no han llegado los avances del nuevo siglo de los que, en cambio, sí gozan otras poblaciones cercanas. Por esa razón sus habitantes se rigen por antiguas y enraizadas costumbres. Tras la extraña aparición de un recién nacido, que ha sido abandonado a las puertas del monasterio de esa aldea, y como quien dice caído del cielo en una tormentosa Noche de Difuntos, algunos vecinos, pocos años después, irán muriendo de manera repentina e inexplicable. Con esta premisa nos adentramos en todo aquello que rodea a los miedos más profundos, a las leyendas más arcaicas y a los «dichos» ancestrales, transmitidos oralmente de padres a hijos, los cuales son capaces de arrastrar a las gentes de bien —movidas por la superstición, la sugestión o el terror que los acompaña— a perder la cordura y...

NUEVA NOVELA

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  Estoy, como quien dice, a las puertas de que salga a la luz mi nueva novela. En algunos sitios ya figura como en preventa. Es cuestión de días. El título es  LLOVERÁN  TORMENTAS  y he tenido el placer de contar con Aliar 2015 Ediciones S.L. que me ha acompañado, con su buen hacer, en el camino previo que implica darle forma. Iré ampliando la información. De momento, avanzo su portada.

RELATO - "SU PRIMERA VEZ"

  Su primera vez como profesor, su primera clase de su primer curso en el Instituto. Tiembla, pero por dentro. Se enfrenta a una caterva de damitas de 16 años que le observan de arriba abajo, según camina, hasta que se pertrecha en la mesa, al lado del encerado. Se levanta, tras unos segundos de estar sentado, y se presenta. —¡Hola! — dice, intentando parecer informal—, voy a ser vuestro profesor de latín. «Y encima latín —piensa—, para más inri». Las niñas ríen, se lo van a comer. Se lo comen, no le hacen caso. Pasan los días, pasan las semanas. Sus clases parecen todo menos clases: un descoloque, un jolgorio continuo. Se burlan de él, y eso él lo sabe. Y calla. Es un buen tipo, un buen profesor que no ceja en el intento, que es constante. El sigue y sigue, pero las chicas no le dan tregua. «Es que es latín —piensa, disculpándolas—, con sus declinaciones que no le importan a nadie, salvo a mí». Otro día de infortunio. ¡Qué paciencia!, pero él dale que dale, hasta que una tarde, qu...