RELATO - "SU PRIMERA VEZ"

 

Su primera vez como profesor, su primera clase de su primer curso en el Instituto.
Tiembla, pero por dentro.
Se enfrenta a una caterva de damitas de 16 años que le observan de arriba abajo, según camina, hasta que se pertrecha en la mesa, al lado del encerado.
Se levanta, tras unos segundos de estar sentado, y se presenta.
—¡Hola! — dice, intentando parecer informal—, voy a ser vuestro profesor de latín.
«Y encima latín —piensa—, para más inri».
Las niñas ríen, se lo van a comer. Se lo comen, no le hacen caso.
Pasan los días, pasan las semanas. Sus clases parecen todo menos clases: un descoloque, un jolgorio continuo. Se burlan de él, y eso él lo sabe. Y calla.
Es un buen tipo, un buen profesor que no ceja en el intento, que es constante. El sigue y sigue, pero las chicas no le dan tregua. «Es que es latín —piensa, disculpándolas—, con sus declinaciones que no le importan a nadie, salvo a mí».
Otro día de infortunio. ¡Qué paciencia!, pero él dale que dale, hasta que una tarde, quizás cansado, quizás harto, quizás triste, revienta y grita mandándolas callar. Llora de impotencia delante de sus alumnas. Las niñas lo ven así, les duele verlo así. Se arrepienten de haberlo quebrado. Sus lágrimas de hombre roto las conmociona.
Poco tiempo después, tras una colecta entre todas ellas, le hacen un regalo: una placa grabada en la que está inscrito: «Al mejor profesor del mundo. Su clase de 2º B».
Él sonríe agradecido, emocionado, y aprovecha la ocasión para pedirlas que de ahora en adelante se comporten en clase. Ellas prometen, ellas cumplen.
Ni un día más se rieron de él. Ni un día más hablaron cuando no debían. Y él enseñó latín, tal y como imaginaba que tenía que haber sido desde un principio: con normalidad, donde él explica y ellas escuchan.
Cuando hubo que elegir a dos profesores, para que fueran como tutores en un viaje de fin de curso, uno fue él. No hubo dudas entre las alumnas de ese Instituto.
Esta historia es real. Él fue mi profesor de latín. Yo fui una de esas niñas.

FIN