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MI NAVIDAD

  Soy pobre. No es algo que yo, deliberadamente, haya elegido. Mis errores del pasado, mi mala cabeza o la triste fortuna me han llevado a este punto. Vivo en la calle. La mayor parte del tiempo me la paso a la entrada de unos grandes almacenes, sentado sobre un grueso trozo de cartón que me aísla del frío y de la humedad de la acera. Sé de sobra lo que debo parecer. Un guiñapo. Así me lo hacen sentir todos aquellos que pasan por delante y me miran de reojo a la par que entran o salen del centro comercial. Ahora, que es tiempo de celebraciones, las luces y las guirnaldas, colocadas en escaparates y avenidas, invitan a dejarse llevar por la ilusión y no por un pobre hombre pidiendo limosna que es lo que en verdad soy. Pero yo no he escogido esta forma de vida. Las cosas han derivado a esta situación sin retorno. Uno no nace con la intención de ser un mendigo, sino todo lo contrario. Me he puesto encima toda la ropa vieja que he encontrado tirada dentro de un carromato de basur...

MADRE

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Aleteó vigorosamente para sentir la brisa discurriendo entre el plumaje. Sería la primera vez que se fundiría con el cielo, el que mamá gorrión le prometiera. Era hora de lanzarse fuera del hogar para iniciar una vida más independiente acorde a su estrenada madurez. Ella observaba desde una rama adyacente. Ya había sido testigo de cómo uno de los tres pajarillos, que habían salido adelante tras quebrar el cascarón, surcaba el firmamento en compañía de papá gorrión. Ahora era el turno del segundo. ­           —Mira, hermano —dijo con sorna y fanfarronería el joven gorrión listo para el despegue – , ¡qué fuerte y qué hermoso soy! En cambio tú, tan esmirriado... El polluelo al que iban dirigidas esas burlas se aplastó contra el nido sin responder. Estaba demasiado debilitado para levantar la cabeza. Menudo y escuálido, al que prácticamente le había resultado tarea imposible competir por el alimento con los otros dos vástagos cada vez que m...

LA CARTA PÓSTUMA

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El sobre se deslizó de entre las páginas del libro que ella había escogido de la estantería del salón de su casa. Aquel ejemplar de « Cumbres borrascosas » había sido el último de los regalos de su marido pocas semanas antes de que la enfermedad de él se agravase hasta causarle la muerte. Hasta hoy la viuda no se había atrevido a tomarlo entre sus manos para leerlo. No imaginaba que fuera portador de toda una declaración de amor…