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MADRE

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Aleteó vigorosamente para sentir la brisa discurriendo entre el plumaje. Sería la primera vez que se fundiría con el cielo, el que mamá gorrión le prometiera. Era hora de lanzarse fuera del hogar para iniciar una vida más independiente acorde a su estrenada madurez. Ella observaba desde una rama adyacente. Ya había sido testigo de cómo uno de los tres pajarillos, que habían salido adelante tras quebrar el cascarón, surcaba el firmamento en compañía de papá gorrión. Ahora era el turno del segundo. ­           —Mira, hermano —dijo con sorna y fanfarronería el joven gorrión listo para el despegue – , ¡qué fuerte y qué hermoso soy! En cambio tú, tan esmirriado... El polluelo al que iban dirigidas esas burlas se aplastó contra el nido sin responder. Estaba demasiado debilitado para levantar la cabeza. Menudo y escuálido, al que prácticamente le había resultado tarea imposible competir por el alimento con los otros dos vástagos cada vez que m...

LA CARTA PÓSTUMA

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El sobre se deslizó de entre las páginas del libro que ella había escogido de la estantería del salón de su casa. Aquel ejemplar de « Cumbres borrascosas » había sido el último de los regalos de su marido pocas semanas antes de que la enfermedad de él se agravase hasta causarle la muerte. Hasta hoy la viuda no se había atrevido a tomarlo entre sus manos para leerlo. No imaginaba que fuera portador de toda una declaración de amor…

GENIO Y FIGURA

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         Galileo escogió el mejor de sus atuendos. Quería causar una buena impresión ante el Tribunal de la Inquisición que le había convocado para esa misma mañana. Se sentía algo inquieto. No porque se creyera culpable, sino a causa de que no estaba seguro de hacer comprender a esa parva de hombres, que iban a juzgarle, de que sus ideas —por las que se veía cuestionado y señalado— eran las correctas y no una herejía como así apuntaban los rumores que le habían llevado ante tan grave situación. Si no se andaba con cuidado, podría acabar en la hoguera. En cuanto llegó y se puso frente al escuadrón que dirimiría si era o no inocente, supo al instante que no tendría ninguna posibilidad. A sabiendas de que sus elucubraciones y teorías eran ciertas, ese hatajo de ignorantes emperifollados que le escudriñaban desde sus acomodadas posiciones para juzgarle, ya lo habían sentenciado antes de siquiera poder defenderse y exponer sus argumentos. No había nada que hacer. ...